Por Pedro López Solís
Sus autores siempre han tenido una fuerte inclinación por ese género que sin lugar a dudas los ha marcado enormemente dentro de ese mundo de propios y extraños.
Sin embargo, no necesariamente entre los creadores estadounidenses se puede hablar del betseller, el puliser y otros premios y becas al por mayor para alentar entre ellos la literatura contemporánea que por momentos parece ser pura chatarra.
En este sentido pues, existe un parteaguas entre los escritores de antes de la primera mitad del siglo pasado y los que han llegado mucho después de la segunda. Curiosamente los primeros tienen en su haber mayor conocimiento y manejo del lenguaje, de tal suerte que los ubica por la envergadura de su obra entre los grandes escritores de los siglos XIX y XX indudablemente.
Nombres como el de Witman y el de Edgar Alla Poe son el referente obligado de esa generación que ha estado siempre muy por encima de los escritores y poetas que los han sucedido.
La característica o mejor dicho, la coincidencia entre ellos no únicamente era la locura y la forma de vida, sino también la convulsión de un país en donde les había tocado nacer y vivir, país desde luego en busca de su propio reacomodo en el mundo como potencia abriéndose paso a la expansión territorial por medio del sometimiento y presión económica.
Otra de ellas era la fuerte inclinación periodística como oficio y forma de vida; mismo que les permitía desde luego para promover y difundir sus obras literarias.
Por otro lado, las letras norteamericanas como tradición a diferencia de la inglesa por ejemplo, esta muy apegada al cantar melancólico hacia la naturaleza. La parte idílica y nostálgica se deja ver lo mismo en la prosa que en la poesía.
Esto desde luego con sus implicaciones ya que la obra de los autores de Norteamérica está limitada en cuanto a los temas, son poco fecundos a causa de su severidad para consigo mismos; así como sus excesivas inclinaciones periodísticas y políticas que los hace ver poco creativos.
Bajo este contexto irrumpe Edgar Allan Poe, visitador permanente en casi toda su obra del terror y la demencia, demarcándose con ello en lo inmediato del naturalismo exacerbado en el que han caído la gran mayoría de los escritores anglosajones.
Poe es la reencarnación de los simbolistas franceses. El en su poesía encierra todo el misterio que envuelve a esta corriente... pero va más allá, no solo abreva de ellos, los llamados poetas malditos, sino que también hace una retrospectiva para reencontrarse con el esplendor del periodo clásico de los grandes filósofos y poetas griegos; de allí pues, su manejo y conocimiento del lenguaje.
Lo atormentado de su vida nos da una idea de lo que contiene su obra.
En ella encontramos por un lado a un Allan Poe llamado para el canto nostálgico e incesante, y por el otro, al poeta de carne y hueso arrastrando sus lastres por el mundo inmisericorde de dolor y amargura para con él.
Irónicamente el abandono y orfandad padecida es la misma que la de su obra poética, que indudablemente es mucho mejor y más importante que su narrativa.
Puedo asegurar sin temor a equivocarme de que Edgar Allan Poe es primero poeta antes que narrador. Por otro lado, él sabía que la narrativa le permitiría su sobrevivencia, escribiendo con conocimiento de causa y perfección como buen lector y hombre de cultura.
Sin embargo su poesía es otra cosa, es muy riguroso, maneja en su verso fuerza y musicalidad sus versos, dándole un ritmo avasallador que suelta tonalidades que desgarran el alma y el espíritu.
Poe es dueño de la palabra al igual que los poetas que tienen esa gracia divina de manifestarla. Es un redentor en busca de sí mismo y de las diferentes tonalidades del lenguaje.
Experimenta con todas las formas escritas, de allí su acercamiento al soneto y la rigurosidad del verso libre entre otros.
La muerte al igual que los sueños y el terror son las visitaciones del Allan Poe que ronda en el subconsciente del lector. El sentido evocativo de su poesía le da un tono lúgubre sin querer, de su cantar en pena que nos ronda...
El cuervo es el poema que lo reivindica como visitador frecuente a la antesala de la muerte, allí ya escuchamos al poeta maduro como tal, padeciendo su amargura; pero curiosamente volviendo música todo lo toca.
Su vida fue un sueño y lamento al mismo tiempo, dejándolo de manifiesto en sus letras…
Siempre sería mejor que estar despierto
Para quien tuvo, desde el nacimiento
En dulce tierra, el corazón…
Ese era Poe manifestado en sus palabras. Era también el osado e irreverente de este mundo del cual cohabito por breve tiempo, era parte de la noche, el mismo era el cuervo y grazno diciendo:
Dijo el cuervo o digo yo,: Nunca más…
Sin embargo, el pueblito, como le llaman, va más allá del simple miedo que impone, representando en todo caso, un maravilloso caldo de cultivo para analizar con detenimiento el comportamiento humano, reunido en un mismo espacio y convirtiéndose a pesar de lo reducido en una enorme jungla imaginaria. Allí, precisamente es el lugar en donde se mezclan en sus entrañas, todos los miedos y curiosidades que finalmente mueven al individuo.
Yo mismo he sido parte de ese mundo tan de ¨propios y extraños. He constatado lo que allí se vive,¨ al igual que los cerca de ocho mil internos, hombres y mujeres que por alguna razón, cohabitan, bajo la sombra, propiamente separados por lúgubres paredes, purgando alguna condena que lo mismo da un minuto que años de encierro, volviéndose al final de cuentas en un encierro eterno.
Bajo este contexto, pues, estuve acudiendo por mas de tres meses a ese lugar con la idea de desarrollar un taller de análisis y creación literaria por parte del Instituto de Cultura de Baja California, dejándome sumamente sorprendido, tanto por el lugar como por los participantes.
Con ellos pude compartir lecturas de obras clásicas; así como de autores nuestros que de alguna manera hicieron que afloraran en ellos la capacidad creativa dejándolo plasmado en trabajos que reflejan las condiciones de vida y trato recibidos en ese infierno en la tierra y que la palabra vuelta música y arte y literatura, por momentos los hizo libres.
Los trabajos creados por los internos van en los diferentes géneros literarios, pero desde luego, con una mayor influencia hacía la narrativa, planteándose en ella fluidez, fuerza y coraje en su contenido.
Indudablemente existe un realismo que se vuelve mágico por momentos, dado el constante acercamiento a la literatura latinoamericana que hicimos con autores como jorge Luis Borges, Horacio Quiroga, Cortazar, Juan Rulfo, Edmundo Valadez, Montorroso,, García Márquez, Carpentier, José Donoso, entre otros.
Sin embargo, otras corrientes y formas del lenguaje literario planteados como ejercicios no pudieron concretizarse del todo, dado una serie de acontecimientos que derivaron en un lamentable motín, impidiendo la continuidad del taller… pero estoy seguro, sin lugar a dudas, que en donde se encuentren, con quienes compartí una celda vuelta laboratorio creativo y biblioteca y universo de palabras, han tomado ese hecho vivencial, como muchos otros como mero pretexto para seguir escribiendo.
Pedro López Solis
(El cuervo)
Tijuana, Baja California. 2 de noviembre de 2008

envenena.
Provoca tempestades al oído
al cuerpo todo.
Lo vuelve tonto y epiléptico del miedo.
Fuera de mí, de mi paso, todo es tormento,
y mentira y nada...

